25 de octubre de 2010

50 Años

Construyendo Desarrollo Y Convivencia
Por: Óscar H. Pallares R.

Mi Vida ha estado ligada a la del Instituto Nacional (I.E.) José María Campo Serrano. Sus 50 años los he vivido ya como vecino, ya como miembro activo de él.

Mis años párvulos, feliz e indocumentado, los viví prácticamente en los predios de la institución. Todos los días, muy de mañana, pasaba por allí con mi papá, montado en la parrilla de una enorme bicicleta negra, rumbo a la finquita de mis abuelos. Desde la casa hasta la finca, pasando por el colegio, no era más que andar por el sendero robado al espeso ramaje de árboles, arbustos y malezas que todo lo envolvía. Cuadras a la redonda no se vislumbraba edificación alguna y el lugar era hábitat natural de los conejos, los cuales, incluso dentro del colegio, se podían encontrar y cazar para suculento pebre de los afiebrados cazadores nocturnos. Crecí viendo crecer el edificio en las tierras que un día fueron de los papás de mi papá.

Doce años después de aquel histórico 13 de marzo de 1960, cuando se dictó la primera clase de bachillerato en Aguachica, fui recibido oficialmente como miembro del Instituto Nacional José María Campo Serrano en el curso primero de bachillerato “A”. El camino desde mi casa, a escasas cuatro cuadras, me lo conocía de memoria pero el entorno ya no era el mismo; el Colegio lo había transformado. La agreste vegetación daba paso a la urbanización de la actual calle 7, desde el Cementerio Central, hoy Terminal de Transporte, hacia el occidente, bajando hacia Gamarra. Los conejos se acabaron, los terrenos se lotearon y el sector no volvió a ser el mismo. El Campo Serrano lo había urbanizado. Mis abuelos habían abandonado el campo y montado casa en la esquina de la hoy calle 7 con carrera 8 haciendo frente con la hoy biblioteca de la institución y trataban de hacer caso omiso a la nostalgia por el abandonado campo alimentando a los profesores camposerranistas. Todos eran de otras partes y vivían en los predios del colegio. Recuerdo la solemnidad, elegancia y cultura que desplegaban en la mesa y después de deleitarse con la cocina de mi abuela. Cuando iba a visitarlos, a mis abuelos, que era casi todos los días, sentado en un lugar discreto escuchaba sus conversaciones llenas de respeto, sabiduría y compromiso con la educación, la juventud y la Aguachica que estaba naciendo para el progreso. 

A partir de 1978 y hasta 1993 viví de las ganancias formativas que produce el hecho de ser camposerranista. En noviembre de 1994 volví, desandando los pasos, ya no en busca de orientación, educación y formación en sus aulas como en 1972. Venía con el mayor reconocimiento que se le pueda hacer a quien fuera su estudiante: Ser el primero de ellos nombrado como rector.

Doce años después de aquel histórico 1994 me gradúo como rector en los predios del hoy joven de 50 años y acumulo así varios títulos camposerranistas: vecino, estudiante, ex alumno, ex alumno-rector, y ahora ex alumno-ex rector.

Si sumamos tenemos que 50 años del colegio son mis primeros 50 años: 12 años como vecino más 6 de estudiante más 16 como ex alumno más 12 de rector más 4 como ex rector … ¿no dan exactamente 50 años?

Sólo que las instituciones como el José María Campo Serrano, a diferencia de las personas, con el paso de los años antes que envejecer se tornan más remozadas.

¡Felices BODAS DE ORO, INSTITUTO NACIONAL (I.E.) JOSÉ MARÍA CAMPO SERRANO!

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