Por: Óscar Hernán Pallares R.
Qué es lo primero que respondemos ante la pregunta: ¿Quién eres?
Y contesta Yaima del Cristo Sánchez en interesante artículo (www.monografias.com) “que sin duda, verbalizamos nuestro nombre propio. ¿Por qué responder con el nombre a esta pregunta que no lo pide directamente y que pudiera sugerir disímiles respuestas?... Es que el nombre que se nos asigna cuando nacemos y que nos va acompañando a lo largo de la vida, dice, constituye un rótulo que queda plagado subjetivamente en la identidad personal que vamos construyendo desde edades tempranas”.
“Nombrar no es un simple acto, sino todo un proceso. El nombre encierra un modelo. La elección del nombre, es un acontecimiento que se encuentra asociado al grupo familiar. Casi siempre la persona que lo pone o lo sugiere, quiere transmitir algo con el nombre o los nombres, quizás una cualidad, un deseo, alguna expectativa. El nombre lleva en si mismo toda una historia cargada de sentidos y significados, que de alguna manera serán decodificados e interiorizados por su portador”.
“Los nombres, constituyen además una importante vía de acceso a la realidad subyacente de la familia pues a través de su historia se pueden determinar significados familiares, relacionales y simbólicos del grupo familiar, que subyacen ocultos detrás de las razones de su surgimiento. Yaima cita a Isidoro Berenstein, quien propone tres categorías para el análisis de la estructura familiar inconsciente, entre ellas la categoría denominada El sistema de los nombres propios que no es un elemento aislado para este autor; sino que indica relaciones entre términos y de ellos deviene su significación. Señala aspectos de los deseos y expectativas anticipatorios de los antepasados con respecto a sus descendientes; pone de manifiesto: ideales y creencias familiares. El nombre que una familia adjudica a un niño indica las significaciones ligadas a su nacimiento y al lugar para él reservado. Sugiere a la vez el predominio de las líneas paternas o maternas en oposición a la relación de alianza”.
“En algunos casos, el nombres contiene también disímiles significaciones sociales, por lo que además de los matices familiares, las coyunturas socio/ históricas y culturales de determinados contextos, han marcado estilos de nominación. Puede ser la religión, la lengua, la moda o transformaciones sociales que pautan particularidades de una época que en el entretejido social y dialéctico en el que vivimos, atraviesan contextos grupales más específicos como la familia”.
“En ocasiones los nombres pueden expresar modelos de clases sociales y de valores transmitidos dentro de la familia, es decir que con el nombre se ha ofrecido un modelo de identificación que expresa cualidades y valores relacionados con cierta clase social con la que se ha identificado el sujeto, manifestándolo así en su comportamiento”.
“En otros casos tienen mayor peso los criterios sociales en la construcción del sentido personal del nombre. La mayoría de los sujetos expresa que al escuchar un nombre, por el sonido o por las referencias que se tienen de personas que lo llevan, pueden representarse mentalmente a una persona ficticia a la que atribuyen ciertas características de acuerdo a lo que el nombre sugiere, según construcciones elaboradas desde contextos socioculturales específicos. Yaima pone el siguiente ejemplo: "Yo pienso que los nombres representan a la persona que lo lleva, por ejemplo cuando dicen Yakelin me imagino a esa persona por el nombre… a Amanda me la imagino tierna, dulce, cariñosa y a Daniela me la imagino una mujer decidida, audaz y me gustaría que mis hijas fueran así”. Es decir, se percibe el nombre como un elemento distintivo, que denota ciertas cualidades y comportamientos en las personas, sugeridos a partir de un modelo imaginario construido desde percepciones sociales”.
En Facebook hice la siguiente prueba. Abrí dos cuentas con idéntico perfil: igual profesión, la misma fecha de nacimiento, de la misma ciudad de residencia, igual estado civil, idéntico nivel de estudios. Ni la raza ni la religión, ni la afiliación política se especificaron.
Una cuenta fue abierta con el nombre de Fernando Sáenz de Rebolledo Santacruz y la otra con el de Telésforo Hipólito Cruz Guaca. Al cabo de dos semanas la cuenta del supuesto Fernando Sáenz había recibido 6 solicitudes de amistad, de hombres y mujeres, más de mujeres, mientras que la del también supuesto Telésforo Hipólito no había recibido ni siquiera una mentada de madre, que como sabemos, hoy en día no se le niega a nadie.
El ejercicio anterior nos sugiere que podría existir una relación directa entre lo rimbombante y extranjero del nombre y la persona que mereceríamos tener su amistad.
La doctora Yaima del Cristo Sánchez podría actualizar su excelente estudio sobre los nombres adentrándose en la suculenta bandeja de oportunidades de estudio de las redes sociales como Facebook. Desde el punto de vista sicológico sobre los nombres hay mucho que desentrañar allí.
PRIMER RECREO: Algunas personas prefieren ser llamados por un apodo porque no se sienten conformes con su nombre o porque el apodo contiene significados con los que se identifican mejor, aunque a veces puede atraer tener apodos que sin embargo son perjudiciales al crecimiento personal.
SEGUNDO RECREO: ¿Qué les representa a ustedes el nombre de Yaima del Cristo Sánchez? ¿Es hombre o es mujer? ¿Es de España, Haití, Argentina, Cuba, India? ¿Es negra(o), blanca(o)? ¿Socióloga(o), científica(o), profesor(a)?
ohpallares@hotmail.com
SIN RESPUESTA.
ResponderEliminarUn poco largo lo entrecomillado pero buena,muy buena la columna. La prueba que muestra el autor sobre los dos perfiles en Facebook demuestra que Colombia no tendrá remedio hasta tanto no deje de creer que los mesías son los llamados a darnos la felicidad que nosotros no somos capaces de conquistar por nuestros propios esfuerzos.
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